Tengo una inflamación en el pecho. Es un punto negro hinchado, algo infectado o algo de ese estilo. Hoydía me lo descubrí en ese momento en que uno se mira al espejo desnudo y hace un tazage de cuán viejo se está. Era como un furúnculo rojizo, casi en el centro de mi tórax, entremedio de mi pelo en pecho, al lado izquierdo de mi esternón, por sobre la carótida.
Ayer mientras dormía, la cosa esa crecía en mí. Y yo pensaba que era una pelota de mala energía acumulada o algo así, y no me podía quedar dormido porque trataba de pensar en cualquier cosa que no fuera el dolor de ése lugar de mi pecho que trataba de olvidar. Después me di cuenta de que le estaba haciendo el quite al sufrimiento, así que me focalicé en la espina de mi pecho con la intención de canalizarla, cuando podía ser cáncer, un tumor, o cualquiera de las cosas que a uno le pueden aparecer en cualquier momento.
Tengo el neurótico ejercicio de tratar de hacer explotar cualquier protuberancia de mi borde dérmico. Con ambas uñas de ambos índices, apreté, hasta que salió una secreción biliar de algún nivel subterráneo de mi cuerpo, para luego dejarse asomar la sangre, con un tajo de arriba a abajo. Ahí uno no puede seguir apretándose.
El cáncer, amigo mío está a la vuelta de cada segundo. Una vez leí que un famoso mecanismo de defensa se llama la intelectualización; Tapar con construcciones mentales ideas perturbadoras. Como del estilo de "Eso nunca me va a pasar a mí", "Dejaré de fumar a los 30"... ¡No señor!, no le crea a nadie, ni mucho menos a sí mismo, que ahí es donde realmente está el demonio!!!.
Yo les digo nomás. La muerte está a la vuelta de cada esquina. Y es la puta más malvada que yo haya visto a la cara.
sábado, 27 de octubre de 2007
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